El Sumial y la ansiedad escénica: ni tabú ni solución mágica

Sumial (propanolol) para la ansiedad escénica

El Sumial y la ansiedad escénica: ni tabú ni solución mágica

Este un tema que muy a menudo se preguntan los músicos: «¿y si me tomo algo antes de salir al escenario?» El Sumial (nombre comercial del propranolol) es probablemente el fármaco más mencionado en este contexto, y también uno de los que más debate genera dentro y fuera de la profesión. Algunos lo ven casi como una trampa, otros como una herramienta más. Mi postura está en un punto intermedio: no creo que haya que demonizarlo, pero sí que hay que mirar con honestidad qué relación tenemos con él.

¿Qué es el Sumial y cómo funciona?

El propranolol es un betabloqueante. Su función original es cardiovascular: bloquea la acción de a adrenalina sobre receptores beta-adrenérgicos situados principalmente en el corazón, de forma que evita una subida muy brusca del ritmo cardiaco y la presión arterial. Aplicado a la ansiedad escénica, lo que hace es actuar sobre los síntomas físicos del miedo escénico —taquicardia, temblor en las manos, sudoración, sensación de ahogo— sin tocar directamente la parte cognitiva o emocional del miedo (los pensamientos de «no voy a estar a la altura», el diálogo interno catastrofista, etc.).

Por eso muchos músicos, especialmente en instrumentos donde el temblor es especialmente incapacitante, lo describen como algo que «corta la espiral»: si el cuerpo no dispara la respuesta física de pánico, la mente tiene menos «pruebas» de que algo va mal, y el temblor no entra en bucle con el miedo a temblar.

El debate: ¿fármacos para tocar sí o no?

Aquí es donde se dividen las opiniones. Hay quien lo compara con el dopaje deportivo: una ventaja química que distorsiona lo que debería ser una preparación puramente artística y psicológica. Y hay quien lo defiende como cualquier otro recurso médico.

Yo no comparto la idea de que usarlo sea «hacer trampa» ni que sea moralmente cuestionable. Es una herramienta, y como toda herramienta, el problema no está en ella misma sino en el uso que se le da. Lo que sí me parece imprescindible es no convertirlo en la única estrategia, y revisar periódicamente qué papel está ocupando en la vida del músico. Házte una pregunta simple: ¿De todas las actuaciones que tienes, en cuántas usas sumial?

Lo que hay que vigilar

Dependencia psicológica. Este es, para mí, el punto más delicado, más incluso que la dependencia farmacológica en sí. Cuando una persona empieza a creer que sin la pastilla «no puede» tocar, se ha instalado una creencia muy limitante: el control ha pasado del músico al fármaco. A partir de ahí, cualquier concierto sin él se vive como una amenaza, lo que paradójicamente puede aumentar la ansiedad anticipatoria a largo plazo.

Entumecimiento emocional. Al reducir la activación fisiológica, algunos intérpretes reportan sentir la interpretación más «plana», con menos conexión emocional con lo que están tocando. Parte de lo que llamamos «estar presente» en un escenario tiene que ver con esa activación: cierto nivel de adrenalina no es el enemigo, es lo que da vida a la interpretación. Aplanarla en exceso puede traducirse en una ejecución técnicamente correcta pero emocionalmente distante, tanto para el músico como para quien escucha.

Enmascaramiento del problema de fondo. El fármaco no trabaja las causas: el perfeccionismo, el miedo al «qué dirán», las experiencias previas de fracaso escénico. Si se usa como única solución, esas causas siguen intactas y, con el tiempo, tienden a buscar otra vía de expresión.

Efectos secundarios. Como todo fármaco, el Sumial no está exento de efectos secundarios no deseados: sensación de mareo, depresión, alteraciones visuales, catatonía, alucinaciones, sueños vívidos, desorientación, labilidad emocional y confusión leve.

Recomendación sobre el Sumial

En mi opinión el Sumial y los fármacos a la hora de tocar no deberían ser ni un tabú ni una solución mágica. No lo descarto como recurso puntual, siempre bajo prescripción y seguimiento médico (nunca autoadministrado). Si en un momento o etapa concreta sientes que lo necesitas, que puede marcar una diferencia real y no cuentas todavía con otros recursos para sostener esa situación, adelante: no hay nada malo en apoyarte en él puntualmente.

Pero a largo plazo, la pregunta que de verdad importa es otra: ¿cómo me siento sin él? Si la respuesta es de bloqueo, de creer que no vas a poder salir a tocar sin esa pastilla, ahí hay un trabajo pendiente. La meta no debería ser depender de un fármaco para subirte a un escenario, sino ir soltando esa dependencia y recuperar la capacidad de disfrutar de la interpretación de forma genuina, con la activación propia del momento —esos nervios que también forman parte de lo que hace viva una actuación—.

El trabajo psicológico de fondo como revisar tu historia, aprender a aceptar, exposición gradual, reestructuración cognitiva, técnicas de regulación emocional y fisiológica, sigue siendo, en mi opinioón, algo fundamental para superar la ansiedad escénica musical. El Sumial puede acompañar ese proceso en momentos puntuales, pero no debería sustituirlo.

Si quieres saber más sobre ansiedad escénica mira esto: https://musicaypsicologia.es/miedo-escenico-musicos-conservatorio/